Esa relación obligada de los buenos fichajes, fuerza-técnica-experiencia, se ha quedado corta y ya solo nos podemos agarrar a que los 11 titulares que salten al terreno de juego se dejen el alma sobre el césped y sustituyan la falta de calidad técnica que pueda tener el equipo en general por la fuerza y mentalización conjunta, haciendo posible que en 90 minutos esa fuerza pueda doblegar a la técnica del contrario.
Posiblemente la punta de ataque que tenemos tenga calidad suficiente como para quedarse entre los seis máximos goleadores de la liga… posiblemente, pero tanto el centro del campo como la defensa deberán de mentalizarse en que cada partido que juegan es para ellos como una final donde se entrega todo, y ese todo está en los 90 minutos de demostración del trabajo de una semana.
En esta liga perder con el R. Madrid o el F.C.Barcelona no tiene importancia, ya que tirando de talonario no solo han conseguido jugadores con fuerza física, sino que están dotados de una técnica fuera de lo común. Ganar al resto de los equipos y hacer que la afición disfrute y crea en los “milagros” se puede conseguir con un par de “razones”, razones que en el terreno de juego popularmente se denominan “huevos” y éstos están para cuando la técnica cojea como cojean algunos expertos de nuestro club a la hora de fichar.
Posiblemente también, si se aplica la fuerza mas que la técnica, lleguemos a ser de los equipos mas sancionados, con tarjetas rojas, amarillas y alguna negra de las de Juzgado de Guardia. Pero si hacemos funcionar nuestra memoria histórica futbolística hace ya algunos años, dos equipos, Real Sociedad y Athletic de Bilbao consiguieron varios campeonatos ligueros con esta misma mentalización, poca vistosidad pero mucha eficacia. Será aburrido ver este tipo de juego, pero mas aburrido y doloroso es no jugar en Europa o no conseguir algún año meternos en Champions League como el Villareal y otros cubes que por historia no nos llegan a la altura del zapato.
Nos guste o no, esto lo que hay. Este año, a la dieta de nuestros jugadores, sería interesante añadir en las comidas muchas espinacas y en los desayunos, meriendas y antes de dormir, un poquito de Cola Cao disuelto con algún reconstituyente. Si a todo esto le sumamos una unión en el vestuario, sin fisuras, para que el aficionado sea contagiado y se convierta en ese tan necesario jugador número 12, podría ser que soñando a alguno de los gallitos de toda la vida se les indigeste nuestro juego y nos tengan en consideración los demás equipos.
Claro que, como decía Calderón de la Barca,… los sueños, sueños son.
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