Tiene mucho mérito con las mimbres que le han dado que haga un equipo que, aún perdiendo partidos casi imposibles, den la sensación de poder plantar cara al mejor clasificado.
Analicé (previa grabación) el pasado partido del Calderón con la frialdad del que nada tiene que perder (mis ilusiones se perdieron a principio de temporada) y mucho que ganar. Perdió el Real Zaragoza, pero me gustó. Y si les hablo sinceramente, tengo que admitir que por fin pude observar que la batuta del entrenador se notó mucho en la forma aunque poco en el resultado. Marcelino no puede meter los goles y desde que ha comenzado la liga ha ido a más en mentalizar a sus pupilos.
Un ejemplo; Pavón estaba descartado y jugó un buen partido. La afición estaba también desencantada y hoy, aunque escépticos, atisban una pequeña luz de esperanza y confianza en un hombre al que han dejado más solo que la una.
Confío, yo también, en que Marcelino sea la única esperanza dentro de un club desastroso. También confío en que la junta directiva no quiera salvar su cara en un futuro cercano cortando la cabeza de un hombre que predicaba pensando que estaba en un club histórico y se despertó sabiendo que sus plegarías se quedaban en el mayor de los desiertos.
Sin ninguna duda, si nuestro Real Zaragoza consigue al finalizar la primera vuelta estar en mitad de la tabla, propondría a Marcelino para que le otorgasen la medalla de oro y brillantes de nuestro querido club.
La soledad no buscada es dura, pero mas duro es estar acompañado con aquel que sólo te pone zancadillas.
Desde estas líneas le deseo el más grande de los ánimos y le transmito que en solitario también se hace camino y sin duda en ese camino vale mas estar solo que mal acompañado.
Insisto en mi idea y vuelvo a aprovechar la ocasión de recordar a la junta directiva que es el mejor momento para afianzar lo que tenemos y dar paso a quien sabe mas y tiene la ilusión y muchas garantías de que con lo que tenemos se puede hacer camino. Esperar al último instante es peligrosísimo.
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