Posiblemente a la hora de escribir este comentario, el ex-zaragocista Fernando Cáceres esté más cerca de abandonarnos definitivamente que de salir con vida del ataque cruel que le realizaron unos desgraciados delincuentes. Elogiar a un futbolista como Cáceres y recordar su paso por el Real Zaragoza, en estos momentos, además de una obligación, es un acto de unión para con un ser que se debate entre la vida y la muerte.
Todas las desgracias son horribles pero nuestra impotencia es grandísima cuando desde la distancia no podemos hacer nada por ayudar a quien en unos momentos tan duros lo necesita, como es el caso de este jugador que nos ha dado autenticas tardes de buen fútbol.
Tanto los que conocimos a Fernando como los que simplemente, por la edad, han oído hablar de el, ruegan por su continuidad en la vida y ésta, desafortunadamente, se antoja caprichosa en algunos momentos concretos. Sería una autentica desgracia morir en una situación así y una injusticia que con 40 años de vida tengas que abandonarla por el deseo de quienes intentan robar el bien ajeno.
Ante estas situaciones, no me gusta transmitir mis odios y rencores en forma de insulto por respeto a quien normalmente intenta ver en estas columnas de opinión comentarios deportivos y sobre todo comentarios constructivos, pero pidiendo perdón anticipadamente no puedo reprimir mis impulsos y calificar de auténticos hijos de perra, delincuentes carroñeros e indeseables asesinos merecedores de pudrirse en la cárcel por el resto de sus días.
Fernando Cáceres, como miles de futbolistas más en todo el mundo, ha conseguido una fama merecida por sus actuaciones en los diferentes campos de fútbol y éste tipo de futbolistas, son objeto de seguimiento en momentos determinados para quitarles parte de esos beneficios, por las buenas o por las malas. A Cáceres lo han intentado a balazos que es la manera más rápida y cobarde de arrebatar lo deseado.
En estos momentos y desde esta ciudad de Zaragoza, toda la afición y personas de bien desean que salga adelante y pueda disfrutar de esos otros 40 años que como mínimo le deberían de quedar por vivir.
A tus agresores, la justicia, aunque algunas veces sea injusta, ya les dará lo que se merecen que no es otra que la cárcel donde con un poco de suerte recibirán alguna bala pero en forma de punzón que les recuerde el camino que han elegido.
Hasta pronto amigo, te esperamos.
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