lunes, 23 de noviembre de 2009

Un agresor, un cerdo y un pasota

De no ser porque el asunto es muy serio, el encabezado de este artículo podría ser uno de esos chistes del fallecido Eugenio que los comenzaba con su famosa frase…"saben aquel que diu…" tres futbolistas se dan cita en un campo de fútbol y ninguno de los tres, aún saltando al terreno de juego, tienen previsto jugar y si montar su particular espectáculo.

Estos tres jugadores me han dado el fin de semana y exactamente no ha sido para disfrutar o pasar una buena velada con café, copa y puro.

Todo comenzó en San Mamés, con un Barça que necesitaba ganar si quería mantenerse primero en la clasificación, hasta que llegó el impresentable de Amorebieta y le dio por acariciar la cara de Messi con los tacos de aluminio que en sus botas estaban bien ajustados.

Al tal Amorebieta no le sacaron ni tarjeta amarilla, cuando semejante agresión es de Juzgado de Guardia. A este chaval se le ha ido la olla desde hace mucho tiempo. Opino que desde que nació, pues no hay partido que pase sin dejar algún herido por el camino.

Jugadores de estas características deberían de tener prohibido jugar al fútbol…no ha sido nada por puro milagro, pero las imágenes son escalofriantes. Si llega a impactar de lleno en la cara de Messi, hoy sería portada en todos los periódicos con el titular de: “Messi operado de urgencia tras sufrir una brutal agresión que le ha destrozado la cara”.

Espero y deseo que el Comité de Competición no pase por alto las “caricias” de Amorebieta y lo castigue como se merece por una acción de autentico agresor, mal intencionado y con ganas premeditadas de dañar.

Estaba claro que el fin de semana deportivo comenzaba mal y que el domingo nos guardaba otra sorpresa. Esta vez por saltar al campo de La Rosaleda un cerdo en lugar de un jugador.

Si algo hay humillante en este vida es que un semejante te escupa en la cara y mas que el asqueroso salivazo te de en la boca, tal y como le sucedió a Ander Herrera que además de ser empujado y golpeado sin motivo alguno, al recriminar semejante acción, el “cerdito” le lance un salivazo de medio kilo.

Como resulta que algunos árbitros tienen las lentillas empañadas, resuelven la situación con tarjeta amarilla a agresor y agredido por un igual sin pensar que la diferencia de acciones punibles nada tienen que ver entre si.

Amorebieta y el cerdo, deberían de ir al campo, pero no al de fútbol, al campo donde se alimentan los mejores animales. Y de paso, los que no quieren ir al gimnasio a desahogar sus frustraciones, pueden imitar a Kung Fu levantando la pierna hasta que se le revienten las ingles.

Ninguno de los dos jugadores ha pedido perdón a sus agredidos. El primero, el que bailaba la jota levantando la garra para tapar la boca del argentino, lo ve como un lance del juego normal y el segundo, públicamente, comenta que esto de escupir a un contrario forma parte de la norma establecida. Lo que le falta saber a este mentecato es que esa norma no la establece el fútbol ni la sociedad civilizada. Esa norma es exclusiva de personas de mal vivir que son incapaces de reprimir sus instintos más bajos y que por acciones como ésta, están más cerca de los animales que de las personas.

Como quiera que el fin de semana no podía tener un final feliz, terminé analizando el partido del Real Zaragoza frente al Málaga y me di cuenta del pasotismo que existe entre alguno de los jugadores de la plantilla como puede ser el caso de Ewerthon.

Este jugador, lejos de compararlo con los dos anteriores, aunque el también agredió al final de la pasada temporada, queda incluido en éste artículo no por escupir pero si por su falta de interés ya que con su comportamiento también daña a la afición.

Fue una pena no haber cerrado su contrato de venta a principio de temporada y aún reconociendo que para todo tiene, pues la junta directiva tan pronto lo vendía como lo necesitaba, hoy, está totalmente desmotivado y pasa de ser ese delantero que por orgullo debería de luchar y convertirse en el líder de un equipo que necesita ilusión y jugadores que tiren del carro como lo hacen otros delanteros de su nivel en equipos mas humildes que el nuestro.

Esto no es un chiste, una simple anécdota o una pesadilla, desgraciadamente es la realidad que estamos viviendo en el fútbol en general y en el Real Zaragoza en particular. O se toman medidas ejemplares para los dos primeros casos y directivas para el tercero, o esta situación dantesca se les irá de las manos.

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