Cuando hay silencio solemos descansar mejor y, si nuestra mente está relajada, hasta podríamos soñar despiertos. Esto es lo que le debe de estar pasando al Real Zaragoza. Hay un silencio total por parte de quien debiera estar hablando, gritando y clamando al cielo por una situación insostenible que nos lanza al abismo inexorablemente. Sin lugar a dudas, no hay equipo suficiente para salir de esta situación. Gay está desesperado aunque nos quiera transmitir paciencia y quiera soñar con una reacción que, con el calendario liguero que nos viene encima, será imposible de conseguir.Agapito Iglesias ha conseguido destruir todo aquello que en 75 años de historia tanto ha costado construir. No hay dinero, no hay patrimonio, no hay un solo jugador, a excepción de Ander Herrera, que tenga valor “importante” en el mercado, ha destrozado la credibilidad de un club histórico, ha roto en mil pedazos las ilusiones de una afición que soñaba con jugar alguna vez la liga de campeones y hoy se conforma con no descender de categoría, como si históricamente ese hubiera sido nuestro objetivo.
El silencio y la conformidad se están instalando diariamente en todos, tal y como sucede en las muertes lentas que previamente han sido diagnosticadas de irreversibles. Soy aragonés hasta la médula y jamás hubiera podido imaginar tanta pasividad ante unos hechos que dañan el corazón del león rampante que figura en el escudo zaragocista. En mi condición de aragonés y zaragozano, censuro, soy crítico, y lucho sobre el papel para que esta situación cambie. ¿Dónde están el resto de los que aman o dicen que aman a este club histórico? ¿Dónde está esa manifestación, totalmente legal, de repulsa a todo lo que está sucediendo? ¿Hasta donde se va a resignar una afición que ve como este Real Zaragoza puede desaparecer por el interés de un mal gestor?
Hay que tener valor y no esconderse detrás de la mesa de un despacho a puerta cerrada para no escuchar el clamor de toda una afición que reclama, desde hace ya mucho tiempo, una reacción vía buena gestión o dimisión inmediata. Cuando alguien toma la decisión de comprar un club de fútbol, justo en el instante de la firma documental, asume también los riesgos económicos que tal acción pudiera deparar. En el caso de Agapito Iglesias ha existido un único interés, y este ha sido obtener beneficios a costa de destruir 75 años de historia.
El fútbol en general y los resultados de los partidos que se pudieran producir, se los ha pasado por el forro de sus caprichos. Ha demostrado no tener ni puñetera idea de lo que es este deporte, ha gastado millonadas en fichar técnicos “amigos” con menos idea que el propietario y se ha metido en una huerta de la que quiere salir con los zapatos limpios sin darse cuenta que en esa huerta solo ha “cultivado” fango y falsas esperanzas.
Silencio señores, se está produciendo la muerte de un club de fútbol.
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