Por fin el enfermo ha salido de la UCI, ha pasado por la planta para firmar los papeles de Alta voluntaria y pasea por la calle celebrando que está vivo después de tanta desgracia.Enhorabuena al equipo y a la afición.
Al equipo, por creer en sus posibilidades, dejarse la piel en el campo y estar convencidos de que ganarían el partido más importante de toda la competición.
A la afición, por ser el motor de un Real Zaragoza que necesitaba su presencia física, el calor y el empuje que durante toda la temporada ha dado sin condición alguna.
Insisto, tenemos la mejor afición de este país y así se ha demostrado, trasladándose en masa a un campo de fútbol donde en todo momento parecía La Romareda a 300 kilómetros de distancia.
Seguiremos en primera y eso, ahora, es lo más importante. Tenemos la oportunidad de cambiar todo lo que se ha hecho mal y esa oportunidad no podemos desaprovecharla.
Días de felicidad y en poco tiempo, pasada la celebración, días de reflexión.
Han sido muchas las imágenes que han quedado en la retina de miles de aficionados. Han sido miles de opiniones las que se han vertido a lo largo de este angustioso final de liga y demasiados nervios a flor de piel, por dejar para el final lo que a todas luces debería de haberse solucionado antes.
Ahora, todo el dolor y la angustia ha terminado y esperamos con ansiedad que medicación nos va a recetar el medico para mantenernos vivos y volver a ser quien fuimos y, con el tiempo, pensar que lo sufrido fue una pesadilla.
No puedo dejar pasar por alto la imagen de un presidente, que terminado el partido, estaba completamente solo. Esa soledad es la que ha querido durante toda la temporada y ni las cámaras de TV, ni las fotos, mienten.
Ha comenzado el futuro del Real Zaragoza y el máximo accionista, después de lo ocurrido, debe y tiene la obligación de hablar a la afición, en primer lugar para disculparse y después para transmitirle que línea de trabajo va a realizar para no volver a pasar por el sufrimiento que a todos nos ha regalado sin habérselo pedido.
La unión y la creencia nos han dado otra oportunidad, no la perdamos y marquemos desde hoy la meta donde queremos ir, con Agapito Iglesias o sin él.
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